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	<title>Pensamiento plural</title>
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	<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 13:22:39 +0000</pubDate>
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		<title>&#8220;América Latina debe aprovechar la ola a favor de las materias primas&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 13:22:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maria Jose Gonzalez Rivas</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[El político argentino destaca que su país &#8220;ha perdido el superávit fiscal récord que tenía en 2006&#8243;
María José González Rivas Madrid 20 ENE 2012 - 17:02 CET10
Roberto Lavagna (Buenos Aires, 1942) considera que los vaticinios que hablan de una próxima desaceleración de la economía China son “exagerados”. El exministro de Economía, quien tuvo a su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El político argentino destaca que su país &#8220;ha perdido el superávit fiscal récord que tenía en 2006&#8243;<br />
María José González Rivas Madrid 20 ENE 2012 - 17:02 CET10</p>
<p>Roberto Lavagna (Buenos Aires, 1942) considera que los vaticinios que hablan de una próxima desaceleración de la economía China son “exagerados”. El exministro de Economía, quien tuvo a su cargo la salida de la crisis argentina de 2001 y estuvo ayer en Madrid en un foro sobre sostenibilidad, cree que América Latina debe aprovechar esta ola a favor de las materias primas y, además, que se tiene que imponer la racionalidad en Europa para salir de la crisis.</p>
<p>Pregunta: El FMI anunció que necesita un billón de dólares para capear la crisis y que una parte debe venir de los países emergentes. ¿Están estos en capacidad de dar recursos? ¿Qué pueden sacar a cambio?<br />
Respuesta: No creo que demasiado. Hace apenas tres meses hubo una discusión sobre el aporte que podían hacer los países emergentes que tienen volumen de reservas muy importantes —el caso de China es el más obvio—, incluso quien administra el Fondo de Europeo de Estabilidad viajó a Pekín para tratar de obtener recursos, y la respuesta fue no, y en el caso de Brasil ocurrió algo por el estilo. La idea central de que los BRICs podrían ser una parte sustantiva ya falló y no es demasiado creíble hoy, sobre todo después de que el presidente Obama dijera que no va a hacer un aporte.</p>
<p>P. Entonces quedamos en las mismas&#8230;<br />
R. Creo que sí. Si algo ha caracterizado esta crisis en los últimos dos años y medio han sido los permanentes anuncios que luego no se cumplen.</p>
<p>P. ¿A qué se debe temer más, a una recesión mundial o a que los países europeos no puedan salir del atolladero?<br />
R. Tiendo a creer que la racionalidad se tiene que imponer y que un conjunto que tiene el poder económico y político como la Unión Europea en algún punto tomará una decisión de ayudar efectivamente, por lo menos en el tema deuda. Ya lo hizo el BCE con la emisión de 489.000 millones de euros a más de 500 bancos y hay ideas de que esto se repetiría. Creo en el peso, en la influencia, en el poder económico y político que tiene Europa y su disposición a hacer estas cosas. Sigo creyendo todavía que, aún yendo detrás de los acontecimientos, las soluciones se van a ir encontrando, aunque, por supuesto, esto implica tiempos. La crisis griega empezó hace dos años y medio, hoy estamos peor, porque cuando uno corre detrás de los acontecimientos la situación empeora, cuanto más se tarde en reconocer habrá más costes sociales.</p>
<p>P. ¿Cree que la alta dependencia de América Latina en sus materias primas puede jugar en su contra?<br />
R. Eso depende de lo que hagamos. No se me ocurre que frente a un dato externo positivo como es la subida de precios de materias primas uno decida no aprovecharlo. Al revés, uno aprovecha el margen en términos de reservas, de capacidad de inversión que da esa situación para reforzar a los otros sectores de la economía menos desarrollados. Hacía muchos años que América Latina no tenía una ola favorable de este tipo. No hay nada de malo en que las materias primas tengan más peso en una economía. Lo malo es si los Gobiernos no lo valoran.</p>
<p>P. ¿Y qué pasaría en Argentina si China levanta el pie del acelerador económico?<br />
R. Me parece que el vaticinio es un poco exagerado. En los últimos trimestres ha habido una ligera desaceleración del crecimiento chino que tiene algún impacto, pero este es mayor sobre las materias primas no alimenticias, por ejemplo, sobre el cobre que sobre los alimentos. Esto no significa que las materias primas alimenticias sean inmunes. Pienso que ese mercado y el de India van a seguir con valores relativamente altos. De todas maneras, como dije antes, la clave está en el uso que dé Argentina a esos recursos. Este año hay una sequía muy importante y eso tiene un impacto. Los imprevistos siempre ocurren.</p>
<p>P. ¿Existe algún blindaje actualmente en Argentina para este tipo de eventualidad?<br />
R. No. Hoy, a diferencia de países como Brasil y otros de América Latina, las reservas internacionales argentinas han permanecido estancadas, incluso bajando un poco en los últimos meses. Acá lo que a mí me importa es cómo uno ve Argentina y ahí hay tres versiones distintas y las tres son correctas. Hay una que es la fotografía de la realidad actual de los últimos meses, cuando la presidenta Cristina Fernández fue reelecta muy ampliamente. Es una fotografía con altos niveles de consumo, y, si bien hay inflación, los salarios han subido por encima de esta. Ha aumentado el empleo, sobre todo el público y hay mucho crédito. En consecuencia, es una sociedad en plena ebullición de consumo que obviamente jugó a favor del Gobierno. Después está la fotografía dinámica. ¿Qué es lo que ha venido ocurriendo? Argentina ha perdido el superávit fiscal récord que tenía en 2006 (de 4,5 puntos), ya no tiene superávit en cuenta corriente de balanza de pagos, por eso las reservas internacionales no suben. Ha habido salida de capitales, particularmente el último año. De manera que hay una dinámica de este año, el próximo y el que sigue en los que algunos ajustes y cambios de política van a ser necesarios. No sé si se harán o no. Y después está el mediano y largo plazo. Argentina es un país de posibilidades enormes. El largo plazo me parece claramente positivo, pero hay que hacer esa transición entre la foto de una situación demasiado alegre respecto a la realidad y de ese futuro que promete.</p>
<p>P. ¿Y cuáles son sus planes en esa foto a mediano plazo?<br />
R. Los planes son tratar de no caer en la trampa que se produjo durante las elecciones de 2011. La sociedad argentina se ha venido dividiendo: de un lado el Gobierno —apoyado electoralmente por el 54% de la gente— y del otro lado una oposición muy oposición, donde todo lo que hace el Gobierno está mal o todo lo que hizo en el pasado está mal. En realidad, lo que hay que formular en Argentina, y ahí me ubico yo, es la creación de alternativas de Gobierno, no oposiciones ciegas que terminan siendo no creíbles. Tan no creíbles son, que la presidenta sacó muchos más votos que en la elección de 2007. Lo que hay que lograr hoy en Argentina es que la sociedad no se parta en dos, aunque de hecho es lo que está ocurriendo.</p>
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		<title>Minas, el cielo abierto</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 12:26:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martin Caparros</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Es curioso que en un conflicto como este se inmiscuyan esas cosas: minas, el cielo abierto. Pero es cierto que, más allá o más acá de ecos confusos, la pelea por la mina a cielo abierto de Famatina es un caldito, un concentrado de Argentina: está casi todo. Está, para empezar, el reacomodamiento de un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es curioso que en un conflicto como este se inmiscuyan esas cosas: minas, el cielo abierto. Pero es cierto que, más allá o más acá de ecos confusos, la pelea por la mina a cielo abierto de Famatina es un caldito, un concentrado de Argentina: está casi todo. Está, para empezar, el reacomodamiento de un país que vive cada vez más de la extracción de su materia prima. Está la globalización neoliberal que favorece que grandes empresas extranjeras se lleven esas materias primas. Y está la forma en que nuevas técnicas cambiaron esas formas de extracción, cambiando relaciones sociales y económicas, maneras de vivir. También está la defensa del medio ambiente, gran caballito actual, y sus variados usos e interpretaciones. Está, por supuesto, el infaltable político que prometió una cosa e hizo lo contrario y está, por lo tanto, el funcionamiento de esto que llamamos democracia. Está la actuación de un gobierno que perora contra ciertas &#8220;corporaciones&#8221; y favorece a la mayoría. Y están sus partidarios que abrazan las causas más nobles siempre y cuando sus jefes los dejen.</p>
<p>Y tantas otras cosas están en la pelea entre los habitantes de Famatina, un pueblo del noroeste árido, montañoso argentino –mayoría de agricultores de nueces y frutales–, contra la empresa minera canadiense Osisko Mining Corporation, que firmó con el gobernador de la provincia, Luis Beder Herrera, un convenio para llevarse oro en grandes cantidades.</p>
<p>Extracción, decíamos: entre los diez rubros que encabezan las exportaciones argentinas, sólo uno es industrial: el resto es materia prima cruda o muy levemente procesada. Granos y yuyos, por supuesto; gas, petróleo, minerales. La minería, que parecía pasado, volvió con fuerza. Hay lugares, como esas sierras riojanas, donde se explotaron vetas de oro desde el siglo XIX –y se habían agotado. Pero las nuevas técnicas permiten explotar –brutalmente– filones que no habrían sido rentables sin ellas. Es, como la soja, un modo de sacar todo lo posible lo más rápido posible. Sólo que en la minería todo es más tosco, más visible: ganancias extranjeras, poquísima mano de obra, destrucción más violenta.</p>
<p>Las nuevas técnicas consisten en volar sierras enteras y pasar sus restos por agua, cianuro y otros químicos para separar los metales –más o menos– preciosos de la basura pura. Para eso se necesita mucho dinero –el suficiente para comprar insumos y políticos– y mucho desprecio por el futuro –el suficiente como para cargarse un territorio–: son dos condiciones que, en la Argentina, muchos reúnen. También, con creces, ciertas corporaciones extranjeras: lo son todas las grandes mineras que aparecieron en las dos últimas décadas; no lo son los gobernantes que las trajeron.</p>
<p>Todo empezó, faltaba más, con una ley del peronismo menemista: la 24.196 exceptúa a las mineras de la mayoría de los impuestos, les permite llevarse el mineral sin el menor control –el Estado sólo recibe la información que la propia empresa se digna darle–, y les cobra de regalías un tres (3) por ciento de lo que las empresas dicen que se llevan. La ley fue convalidada por el peronismo kirchnerista: su creador lo dijo cuando presentó su Plan Minero, 2004: “El sector minero argentino es uno de los pocos que durante la década del &#8216;90, con cambios importantes en la legislación, empezó a tener un principio y un punto de inflexión que le permitió avizorar un destino estratégico diferente”, dijo entonces Néstor Kirchner –y confirmó los mecanismos, las prebendas.</p>
<p>Es pura extracción tipo colonia: señores que arman grandes enclaves donde los locales no pueden entrar, sacan todo lo que pueden, se lo llevan, lo cobran afuera y no dejan casi nada –salvo unos pocos puestos de trabajo transitorios y un desastre en el espacio y en la sociedad: una forma de corrupción generalizada.</p>
<p>Que, por supuesto, llega a los más altos. El ahora gobernador kirchnerista de La Rioja, Luis Beder Herrera, se pasó años haciendo campaña contra esta forma de la minería: que era un robo, que las empresas conseguían sus minas a base de sobornos y corrupciones, que iba a prohibir la explotación minera a cielo abierto en la provincia, dijo, por ejemplo, en este video de marzo de 2007, cuando era vicegobernador y el pueblo de Famatina ya se oponía a la apertura de la mina de oro:</p>
<p>–El pueblo los va a parar. Yo voy a hacer la ley –bueno, la Cámara de Diputados la va a hacer– para pararlos, y el pueblo de Famatina y Chilecito la va a defender…</p>
<p>Y consiguió esa ley y la Barrick Gold tuvo que retirarse y un año después, ya como gobernador, la hizo anular, y ahora firmó el convenio con la Osisko. Que también corrompe a muchos más. Es lo que el diputado y cineasta Pino Solanas, uno de los pocos políticos porteños que fueron a apoyar los reclamos, llama la “contaminación social y cultural”: una empresa comprando la voluntad o la tolerancia de autoridades varias y ciertos pobladores, personas convenciéndose de que, en última instancia, si hay que entregar o destruir todo para sacar unos pesos, quizá valga la pena.</p>
<p>–Salvando distancias, es el mismo mecanismo que produce el narcotráfico, que hace que mucha gente acepte ciertas prácticas podridas porque traen plata. En este caso ni siquiera está claro que vaya a traerla pero algunos se ilusionan, se dejan tentar. Y eso termina por corromper las sociedades donde actúa.</p>
<p>Dice Solanas; sabe, también, que muchos se resisten. Ahora, los habitantes de Famatina llevan casi veinte días en la plaza, en la calle, en la ruta que va al cerro, tratando de impedir que la mina empiece a funcionar.<br />
Dicen que lo que más les preocupa es la amenaza inmediata a su forma de vida: no quieren que les arruinen el suelo y el agua, que acaben con sus vidas tal como las conocen. Algunos, además, insisten en el saqueo económico, el expolio.</p>
<p>Que funciona con sus propias reglas. Hace unos meses un directivo de la minera canadiense estaba en la hostería del pueblo; alguien lo vio y avisó; las campanas de la iglesia lo comunicaron a todos los demás, que se acercaron a rodear el edificio. El directivo huyó despavorido; se dejó, en su huída, una carpeta. Adentro había una guía de operaciones que incluía formas de eludir ciertas restricciones financieras y maneras de autorizar y asentar los gastos por coimas. Y había también una lista de los pobladores más activos en la pelea contra la mina, con datos personales muy precisos, grados de “peligrosidad”, intenciones de comprarlos, orrores de hortografía. Ni la justicia provincial ni la federal abrieron ninguna investigación sobre una lista negra que recordaba los tiempos más negros: hablemos de derechos humanos.</p>
<p>Mientras tanto, los ciudadanos siguen en la ruta y el gobernador kirchnerista insiste en que la mina va a funcionar “sí o sí”, pase lo que pase –y el gobierno nacional no habla del tema. Sus periodistas, intelectuales, funcionarios y otros defensores habituales lo evitan; sus medios no lo tratan –o lo tratan tan poquito que es como si no. Hace días que circula una solicitada de apoyo a los habitantes de Famatina, muy firmada; uno de sus promotores se quejó de que el diario oficialista Página/12 les pidió 15.000 pesos para publicarla –y no la pudieron publicar todavía. Los grandes medios opositores, mientras tanto, se debaten entre su interés en difundir un tema urticante para el gobierno y sus intereses económicos, más cercanos a la gran minería.</p>
<p>Así, el tema circula poco: un pueblo levantado contra una empresa extranjera que pretende arruinarle la vida podría ser una historia caliente, pero nadie parece cómodo con ella. El gobernador espera que los famatinos se cansen de oponerse –y es cierto que no pueden quedarse en la ruta para siempre. Hace casi diez años, en el pueblo patagónico de Esquel, otra minera quiso llevar su cianuro para llevarse el oro, y los ciudadanos que se oponían organizaron un plebiscito sobre el tema. A principios de 2003 mucha gente creía que estaba construyendo una democracia más auténtica, donde las decisiones no quedaran en manos de representantes en los que no podían confiar.</p>
<p>Aquella vez la gran mayoría –el 81 por ciento– votó que no quería la mina y el gobierno provincial de Chubut no tuvo más remedio que aceptar la voluntad de aquellas urnas. Yo, entonces, fui a verlos: me interesaba esa forma de democracia –un poco más– directa, y pensé que Esquel podía ser una avanzada de otro modo de intervención política. Me equivocaba, como casi siempre, pero quizás ahora los ciudadanos de Famatina podrían retomar esa experiencia y, otra vez, usar los votos para imponer sus voluntades.</p>
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		<title>Kirtchnerismo</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 13:14:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Carlos Gieco</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Crónicas Europeas]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cuándo empezó todo esto? En los años ochenta redactamos uno de los primeros documentos de la Juventud Radical de San Justo en Córdoba, Argentina. En el hablábamos de la financiarización de la economía alertando del fenómeno especulativo en detrimento de la producción. Dábamos como ejemplo que los departamentos financieros de las grandes empresas habían crecido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cuándo empezó todo esto? En los años ochenta redactamos uno de los primeros documentos de la Juventud Radical de San Justo en Córdoba, Argentina. En el hablábamos de la financiarización de la economía alertando del fenómeno especulativo en detrimento de la producción. Dábamos como ejemplo que los departamentos financieros de las grandes empresas habían crecido enormemente en detrimento de las oficinas tecnológicas de las mismas. Había comenzado la “timba” contra el trabajo. Los grandes capitalistas habían decidido especular en lugar de producir, fabricar y vender. Se venían los neocon.</p>
<p>En esos mismos debates alertábamos del cambio a menos que estaban sufriendo los partidos políticos argentinos, que habían dejado de representar una filosofía o forma de ver y entender el gobierno, la economía y la filosofía, para convertirse en simples logias de acumulación de poder, generalmente en derredor de un líder, cuyo único objetivo era hacer dinero, sumar cargos y mejorar la vida de los dirigentes. En este contexto las fronteras entre unos y otros eran nebulosas, se mezclaban intereses partidarios y se decía lo que la gente quería escuchar. Las encuestas de opinión comenzaron a ser las que marcaban el discurso político.</p>
<p>Mi opositor de cabecera, Martín Caparros, en su blog de El Pais de España dice que el Kirtchnerismo no es más que peronismo mas 2001 y hace este planteo en términos reduccionistas y como crítica, “No es más que peronismo + la interpretación de lo que paso y nadie quiere volver a pasar del 2001”.</p>
<p>Me parece que lo que Caparrós describe como una crítica es en realidad la virtud del kirtchnerismo, sumar lo mejor del peronismo de Perón, y de predecesores como Irigoyen, FORJA, Illia, los desarrollistas, el peronismo revolucionario con una excelente interpretación de las heridas que el paso del neo liberalismo dejó en el cuerpo social argentino.</p>
<p>También los críticos dicen que Nestor no tenía una ideología fuerte formada antes de ser presidente, dicen: “era solo peronista clásico”, por eso su participación en los gobiernos anteriores. Es muy posible que sea verdad. Pero que haya aprendido y moldeado “junto” al pueblo en esa interpretación del daño del 2001 lo hace más valorable todavía.</p>
<p>Nestor Kirtchner logró algo de lo que se habla poco, volver a la política para resolver las contradicciones, valorar la militancia y las ideas. Bajar el cuadro de Videla no es esnobismo, es reafirmación de valores, enfrentarse con Clarín es afianciamiento de la política sobre las decisiones de las corporaciones.</p>
<p>El siglo XX positivo es de los predecesores, el peronismo es de Perón, (como el neo liberalismo argentino es de Menem) pero el 2001 es de Nestor y la suma de aciertos y errores es el Kitchnerismo.</p>
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		<title>&#8220;La economía kirchnerista que conocimos ha terminado&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 13:15:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Pagni</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Pablo Gerchunoff es uno de los máximos economistas argentinos. Profesor de la Universidad Di Tella y de la UBA, investigador del Conicet, también se asomó a la política como asesor en los gobiernos de Alfonsín y de De la Rúa. La especialidad de Gerchunoff es la historia económica, a la que aportó una importante bibliografía. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pablo Gerchunoff es uno de los máximos economistas argentinos. Profesor de la Universidad Di Tella y de la UBA, investigador del Conicet, también se asomó a la política como asesor en los gobiernos de Alfonsín y de De la Rúa. La especialidad de Gerchunoff es la historia económica, a la que aportó una importante bibliografía. Esta es la razón por la cual el diálogo con él va más allá de la experiencia kirchnerista, para explorar algunos problemas persistentes de los argentinos en relación con la economía.</p>
<p><strong>-¿El éxito económico del kirchnerismo se debe a que inventaron la rueda del crecimiento o a que son beneficiarios del rebote que sigue a toda recesión? </strong></p>
<p>-Siempre es una ventaja partir de lo más profundo del pozo económico. Les ocurrió a Carlos, que heredó la hiperinflación, y a Néstor, que heredó la gran depresión argentina. Con poco se puede obtener mucho. Menem decía &#8220;estamos mal pero vamos bien&#8221;. Néstor decía &#8220;todavía no salimos del infierno&#8221; cuando era obvio que ya habíamos salido. En circunstancias de este tipo los economistas están en dificultades. El crecimiento kirchnerista despojado de la recuperación cíclica es del 3% anual, que es igual al de Menem despojado de la recuperación cíclica posterior a las hiperinflaciones, que a su vez es parecido al de los últimos cincuenta años, que es aproximadamente igual al del último siglo. El problema es que los pueblos viven con felicidad las recuperaciones cíclicas y las atribuyen a los gobiernos. Cuando le digo a mi cuñado kirchnerista que la economía está creciendo al 3%, como con Menem, me mira convencido de que lo mío es la mentira de un INDEC anti-kirchnerista.</p>
<p><strong>-¿Qué sentido histórico tienen esos altibajos? </strong></p>
<p>-Mucho. Una alternativa inteligente sería resignarnos a crecer por mucho tiempo 3% anual. Le aseguro que, eliminado el costo de los altibajos, creceríamos más. Pero no se trata de inteligencia: mi hipótesis es que las sociedades que dejaron atrás un paraíso perdido quieren regresar a él lo más rápidamente posible. Y nosotros tuvimos dos, difíciles de conciliar: el de la Argentina agroexportadora y el de la justicia social peronista.</p>
<p><strong>-¿Si la recuperación explica el éxito la caída explica la derrota? Hablo de 2009. </strong></p>
<p>-Un factor central fue que la Argentina atravesaba lo peor de la recesión mundial. El clima económico era invernal, había sequía, y la gente tuvo que votar con barbijos por el temor a la gripe A. Pero la paradoja es que le devolvió al Gobierno margen de maniobra porque lo alejó del pleno empleo y le permitió apelar otra vez a políticas expansivas sin desbordes y con la inflación decreciente. Los dilemas económicos de Cristina en octubre de 2007 no eran muy distintos a los de hoy, pero la crisis los postergó cuatro años.</p>
<p><strong>-¿El conflicto del campo no tuvo nada que ver? </strong></p>
<p>-Sí. Pero con la reactivación que siguió los caminos de las clases medias urbanas y rurales se bifurcaron sin hacer ruido. Las primeras disfrutaron de la nueva abundancia y en alguna medida votaron a Cristina. Los chacareros siguen votando en contra, sólo que contados estrictamente no son más de medio millón de votos.</p>
<p><strong>-¿Cómo se pasó de la derrota de 2009 al 54% de 2011? </strong></p>
<p>-Para mediados de 2010 estaba claro que el kirchnerismo volvía de la derrota. Y que la clave de ese retorno victorioso no estaba ni en Fuerza Bruta, ni en el embellecimiento de Néstor muerto, ni en la estética cristinista, ni en las pequeñas revoluciones culturales, como el matrimonio igualitario, ni en la lucha épica contra las corporaciones mediáticas. Todo eso jugó un rol, pero su principio organizador fue una bonanza notable, sostenida por condiciones muy buenas del contexto internacional.</p>
<p><strong>-¿Sólo suerte? </strong></p>
<p>-Hubo políticas gubernamentales acertadas a comienzos del kirchnerismo, cuando recién se salía del fondo del pozo: la reestructuración de la deuda o el aumento de los salarios mínimos, por ejemplo. Pero el expansionismo posterior a 2009, que contribuyó al rotundo éxito electoral, es fuente de dificultades actuales. No es la primera vez. Los políticos argentinos se miden con una vara muy alta: el 62% de Perón en 1951. Pero ese número es casi inexorablemente inestable desde una perspectiva económica. Para llegar al 54% desde la derrota de 2009, Cristina necesitaba más de veinte puntos porcentuales de una clase media esquiva. Hubo que mantener el congelamiento tarifario en el área metropolitana, multiplicar créditos a tasas de interés negativas con cuotas fijas, fortalecer el peso para que se degustara la plata dulce. Esta operación agrietaba la solidez. Podríamos denominarla &#8220;populismo liderado por las exportaciones&#8221;.</p>
<p><strong>-¿Por qué el experimento dura tanto? </strong></p>
<p>-Desde 1990 casi un cuarto de la población mundial ha salido de la pobreza extrema y demanda alimentos. Aumentaron los precios y el estado se asoció. Ha habido además, como señala José María Fanelli, fortuna demográfica: cada trabajador tiene que mantener hoy menos población pasiva menor de 14 años que en el pasado debido a la caída en la tasa de natalidad, y eso aumenta el ahorro. Por último, está Brasil: en 1998, antes de que comenzara la gran recesión argentina, Brasil era tres veces la Argentina; hoy es casi seis veces. Renta agropecuaria más beneficio demográfico más Brasil inflándose en dólares: sobre ese triple maná operó la política económica kirchnerista. Y ese triple maná vuelve al kirchnerismo sólido. ¿Vio? A veces los dados de Dios le dan perdurabilidad a políticas equivocadas.<br />
<strong><br />
-¿Puede durar más la experiencia? </strong></p>
<p>-La Argentina ya no tiene sobrante de dólares y está próxima al pleno empleo. Para mantener un crecimiento del 8% el precio de la tonelada de soja debería aumentar 50 dólares cada año. Imposible. O Brasil seguir en dólares como lo ha venido haciendo. También imposible. La experiencia económica kirchnerista ha terminado.</p>
<p><strong>-Estamos entrando en una etapa más compleja, que demandaría un plan antiinflacionario. </strong></p>
<p>-Sí, pero no alcanza con estabilizar la economía. Hay que tener una visión sobre el desarrollo. Cristina deberá aceptar un crecimiento parecido al histórico, del 3% o el 4%, no del 8% o el 9%. Si pretende repetir las tasas chinas que le dieron magia al kirchnerismo no tendrá siquiera el 3%. Además, deberá resolver de dónde saca los dólares para sostener ese crecimiento del 3% o el 4%. En otras palabras, cuál es el patrón de desarrollo sostenible.</p>
<p><strong>-¿De dónde los puede sacar? </strong></p>
<p>-Es un dilema clásico. ¿De las exportaciones, de la sustitución de importaciones, del endeudamiento externo? Siempre es una combinación que cambia con las circunstancias. Para el Gobierno el motor es la industria mercado internista sostenida por la limitación de importaciones y el control de cambios, como si estuviera en los años 50. Cristina parece convencida de que esa industria, desde las zapatillas hasta la electrónica, es nuestra Alemania, y el agro, Grecia. &#8220;Me dicen que la soja es un yuyo&#8221;, ¿se acuerda? Y bien, la soja triplicó su rendimiento por hectárea durante las últimas tres décadas gracias a las innovaciones tecnológicas. Y algo parecido ocurrió con el trigo y el maíz. La respuesta oficial fue sorprendente: limitar las exportaciones de trigo, de maíz, de carne y de leche. El resultado ha sido una menor rotación productiva y la consecuente degradación de la tierra, nuestro capital principal. A eso lo llamo anacronismo. ¿Cambiará durante el tercer mandato? No tengo la respuesta. Pero la necesidad de dólares suele ser un gran disciplinador.</p>
<p><strong>-En la UIA se van a enfurecer con estas ideas. </strong></p>
<p>-Sería un error. Europa dejaría de serlo si fuera sólo Alemania; la Argentina dejaría de serlo si se limitara al agro, a sus industrias derivadas y a los servicios rurales. Esa es la razón por la que estoy a favor de las retenciones. Son una forma de proteger a la industria mercado internista. Todos los países defienden la sobrevivencia de sus sectores menos competitivos, y así se diversifican. El problema es que el gobierno sólo piensa la diversificación en clave proteccionista e hiper-controlista, sin un componente de innovación tecnológica. La matriz productiva diversificada de Cristina es, por ahora, conservadora.</p>
<p><strong>-Sin embargo, ella enfatiza la innovación tecnológica. </strong></p>
<p>-La brecha de productividades entre el agro y la industria mercado internista viene del fondo de los tiempos. Pero desde 2003 no se ha hecho nada efectivo para cerrarla. El tipo de cambio para el agro es de aproximadamente 2,80 pesos por dólar; el de la industria mercado internista es por lo menos el doble, y sin embargo la industria tiene un déficit comercial de 20.000 millones de dólares por año. He ahí el testigo en números de una industrialización fallida en muchos sectores. Y también la génesis de las políticas de Moreno como Ministro de Comercio de facto.</p>
<p><strong>-¿Cuál es la consecuencia práctica de ese diagnóstico? </strong></p>
<p>-Poner la innovación y la productividad en el centro del cosmos económico, en el agro, en la industria, en los servicios modernos. Menos controles y más innovación.</p>
<p><strong>-¿Qué quiere decir eso en materia industrial? </strong></p>
<p>-La idea que predominó desde Carlos Pellegrini hasta Federico Pinedo (abuelo) le gusta a Cristina: diversificar los productos de la tierra y agregarles valor. Los ejemplos exitosos son la industria de aceite de soja, el vino, el biodiésel y unos pocos más. Pero los alimentos elaborados son el segmento más protegido en el comercio mundial. No intente vender galletitas para la hora del té a los británicos porque no podrá. La alternativa es insertarse en el comercio global industrial con mayor especialización: un espejo retrovisor producido en la Argentina para todos los autos del mundo vale más que los 800.000 automóviles que producimos anualmente.</p>
<p><strong>-¿No cree que el desequilibrio político que existe hoy en el país desalienta la inversión para un proyecto como ése? </strong></p>
<p>-Me gustaría decirle que un sistema político más competitivo es mejor para atraer inversiones. Pero el mundo está lleno de casos de autoritarismos que las atraen. Corea, China, la mayor parte del sudeste asiático, México con el PRI, en parte Chile con Pinochet, en parte Brasil durante los 60.</p>
<p><strong>-¿Qué influencia le asigna a la falta de solvencia técnica oficial? </strong></p>
<p>-Cuando se acaban los dólares y la economía se acerca al pleno empleo hace falta mayor profesionalidad. En 1931 se puso en práctica un régimen de control de cambios improvisado e inconsistente. En noviembre de 1933 Federico Pinedo y Raúl Prebisch lo corrigieron mucho y el control de cambios se mantuvo hasta 1959.</p>
<p><strong>-Hay un caso aberrante de falta de solvencia, que es la adulteración estadística, ¿no? </strong></p>
<p>-Las estadísticas no son la historia en reposo. Son parte de la historia viva. Y cuando han levantado su dedo acusador reflejando que algo está funcionando mal, algunos célebres caudillos prefirieron cambiarlas u ocultarlas. Yrigoyen en 1919, en medio de las protestas obreras, modificó la metodología de medición de precios para bajarles la ponderación a los alimentos, que se estaban encareciendo. Le salió mal. Al año siguiente los alquileres aumentaron un 30% e Yrigoyen los congeló. A principios de 1948, cuando la belleza inicial de su política económica comenzaba a diluirse, Perón ordenó que las estadísticas oficiales dejaran de publicarse. Como se ve, el kirchnerismo tiene en este aspecto antecedentes ilustres. También tiene como antecedente a Pinochet, que mintió la inflación cuando se convenció de que no podía frenarla.</p>
<p><strong>-¿No cree que la falta de solvencia técnica se debe, en parte, a que el Gobierno ve conspiraciones y no problemas sistémicos? </strong></p>
<p>-Yo creo que Néstor fue un hijo de 2001 y del terror a que esa profunda impugnación colectiva a la política se repitiera. Allí donde muchos ven autoritarismo kirchnerista yo veo debilidad y reacciones desmesuradas frente a esa auto-percepción de debilidad. Néstor sabía que los episodios de diciembre de 2001 habían sido una protesta espontánea y legítima, pero que también había habido un componente de conspiración para llenar el vacío político. Más de una vez Néstor tuvo miedo de que la pesadilla en la que se combinaban movilización espontánea y conspiración se convirtiera en realidad. Un ejemplo es la rebelión agraria. Pero también la muerte de Axel Blumberg, el 17 de marzo de 2004. El primer día de abril 150.000 personas atestaron la Plaza de los Dos Congresos. Néstor no contraatacó. Recibió a Juan Carlos Blumberg y abrió las puertas a una mala reforma de seguridad para satisfacer a ese padre destrozado. Claramente se sentía débil. Tal vez fue entonces cuando decidió darle batalla electoral durante el año siguiente al jefe de los conspiradores de 2001, a Duhalde. Así se manejó hasta el final: haciendo caja para incrementar su poder y deshaciendo conspiraciones, muchas veces imaginarias.</p>
<p><strong>-El kirchnerismo se ufana de haber aproximado la &#8220;utopía de la igualdad&#8221;. ¿Mito o realidad? </strong></p>
<p>-Mejoraron las condiciones de vida de los sectores populares. Fue una combinación de mayor empleo como consecuencia de la reactivación, de política social y de bendición demográfica. Pero la distribución del ingreso está hoy peor que en las épocas difíciles de Alfonsín y dudo de que siga mejorando. La Asignación Universal por Hijo es una excelente política asistencialista pero no es la mejor política social en 200 años.</p>
<p><strong>-Esta es la tercera vez que el peronismo debe girar sobre su propia política económica. ¿Sirven esos antecedentes para pensar el presente? </strong></p>
<p>-En 1952, Perón dio luz verde a Gómez Morales para aplicar un plan de estabilización que abatió la espiral inflacionaria y sentó las bases para un crecimiento de seis años consecutivos. También intentó cambiar su propio patrón de desarrollo convocando a las inversiones extranjeras. Pero en 1973, el general, ya viejo, llamó a Gelbard para aplicar otro plan de estabilización, esta vez muy frágil y voluntarista, que se agrietó desde el segundo semestre de 1974 y remató en el Rodrigazo con una inflación de 180% durante 1975. Tengo confianza en que la Presidenta se inspirará más en el Perón de 1952 que en el de 1973.</p>
<p><strong>-¿Imagina cómo vería la realidad Perón hoy? </strong></p>
<p>-Sería un coronel retirado devenido empresario mediano que concurre puntualmente a las conferencias del Movimiento Productivo Argentino. Ese Perón no es kirchnerista. Con las utilidades de su empresa se ha comprado un campo ganadero en Lobos. Rechaza -como aquel otro Perón- que el conflicto distributivo sea el reflejo de una Argentina vital porque para él es sobre todo un síntoma de desorden y un juego de suma cero. Admira a Frondizi. No tiene fervores políticos pero si se le preguntara diría que es desarrollista. Pienso eso y me digo: a la gesta kirchnerista no le vendría mal una dosis de desarrollismo, adaptado a los tiempos que corren.</p>
<p><strong>MANO A MANO</strong><br />
Pablo Gerchunoff es un maestro en el arte de la conversación. Escucha con mucha atención, es capaz de instalarse en puntos de vista ajenos, y se expresa con talento literario. Por estas razones es tan agradable entrevistarlo.</p>
<p>Los análisis y las opiniones de Gerchunoff tienen, además, algo de extraño. A diferencia de lo que sucede con muchos economistas, no está instalado en una doctrina cerrada, no parece haber descubierto una receta de manera definitiva. Acaso esa inclinación a huir de una dogmática la haya adquirido en el estudio de la historia, que es su especialidad. El pasado aparece, tarde o temprano, en todos sus argumentos, para demostrar que hubo otros que ya se comportaron de maneras que hoy parecen novedosas. O que los procesos suelen tomar cursos distintos a los previstos por quienes los impulsaron.</p>
<p>Ese enfoque es otra perplejidad que genera Gerchunoff: su sentido crítico no está obnubilado por la pasión. Su manera de mirar, algo almodovariana, puede explicar con espíritu bondadoso fenómenos que tienen rasgos aberrantes. Tal vez sea un ejercicio que se aprende en las sufridas tribunas de Racing. En una Argentina como la de hoy, fracturada en su campo intelectual, esa suave tolerancia es más que una marca de estilo. Parece una virtud.</p>
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		<title>Keynes tenía razón</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 12:08:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paul Krugman</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;La expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad fiscal&#8221;. Eso declaraba John Maynard Keynes en 1937, cuando Franklin Delano Roosevelt estaba a punto de darle la razón, al intentar equilibrar el presupuesto demasiado pronto y sumir la economía estadounidense -que había ido recuperándose a ritmo constante hasta ese momento- en una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;La expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad fiscal&#8221;. Eso declaraba John Maynard Keynes en 1937, cuando Franklin Delano Roosevelt estaba a punto de darle la razón, al intentar equilibrar el presupuesto demasiado pronto y sumir la economía estadounidense -que había ido recuperándose a ritmo constante hasta ese momento- en una profunda recesión. Recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía todavía más; la austeridad debe esperar hasta que se haya puesto en marcha una fuerte recuperación.</p>
<p>Por desgracia, a finales de 2010 y principios del 2011, los políticos y legisladores en gran parte del mundo occidental creían que eran más listos, que debíamos centrarnos en los déficits, no en los puestos de trabajo, a pesar de que nuestras economías apenas habían empezado a recuperarse de la recesión que siguió a la crisis financiera. Y por actuar de acuerdo con esa creencia antikeynesiana, acabaron dándole la razón a Keynes una vez más.</p>
<p>Lógicamente, al reivindicar la economía keynesiana chocó con la opinión general. En Washington, en concreto, la mayoría considera que el fracaso del paquete de estímulos de Obama para impulsar el empleo ha demostrado que el gasto público no puede crear puestos de trabajo. Pero aquellos de nosotros que hicimos cálculos, nos percatamos, ya desde el primer momento, de que la Ley de Recuperación y Reinversión de 2009 (más de un tercio de la cual, por cierto, adquirió la relativamente ineficaz forma de recortes de impuestos) se quedaba demasiado corta teniendo en cuenta la gravedad de la recesión. Y también predijimos la violenta reacción política a la que dio lugar.</p>
<p>De modo que la verdadera prueba para la economía keynesiana no ha provenido de los tibios esfuerzos del Gobierno federal estadounidense para estimular la economía, que se vieron en buen parte contrarrestados por los recortes a escala estatal y local. En lugar de eso, ha venido de naciones europeas como Grecia e Irlanda que se han visto obligadas a imponer una austeridad fiscal atroz como condición para recibir préstamos de emergencia, y han sufrido recesiones económicas equiparables a la Depresión, con un descenso del PIB real en ambos países de más del 10%.</p>
<p>Según la ideología que domina gran parte de nuestra retórica política, esto no debía pasar. En marzo de 2011, el personal republicano del Comité Económico Conjunto del Congreso publicó un informe titulado Gasta menos, debe menos, desarrolla la economía. Se burlaban de las preocupaciones de que un recorte del gasto en tiempos de una recesión empeoraría la recesión, y sostenían que los recortes del gasto mejorarían la confianza del consumidor y de las empresas, y que ello podría perfectamente inducir un crecimiento más rápido, en vez de ralentizarlo.</p>
<p>Deberían haber sido más listos, incluso en aquel entonces: los supuestos ejemplos históricos de &#8220;austeridad expansionista&#8221; que empleaban para justificar su razonamiento ya habían sido rigurosamente desacreditados. Y también estaba el vergonzoso hecho de que mucha gente de la derecha ya había declarado prematuramente, a mediados de 2010, que la de Irlanda era una historia de éxito que demostraba las virtudes de los recortes del gasto, solo para ver cómo se agravaba la recesión irlandesa y se evaporaba cualquier confianza que los inversores pudieran haber sentido.</p>
<p>Por cierto que, aunque parezca mentira, este año ha vuelto a suceder lo mismo. Muchos proclamaron que Irlanda había superado el bache, y demostrado que la austeridad funciona (y luego llegaron las cifras, y eran tan deprimentes como antes).<br />
Pero la insistencia en recortar inmediatamente el gasto siguió dominando el panorama político, con efectos malignos para la economía estadounidense. Es verdad que no hubo ninguna medida de austeridad nueva digna de mención a escala federal, pero sí hubo mucha austeridad &#8220;pasiva&#8221; a medida que el estímulo de Obama fue perdiendo fuerza y los Gobiernos estatales y locales con problemas de liquidez siguieron con los recortes.<br />
Claro que, se podría argumentar que Grecia e Irlanda no tenían elección en cuanto a imponer la austeridad, o, en cualquier caso, ninguna opción aparte de suspender los pagos de su deuda y abandonar el euro. Pero otra lección que nos ha enseñado 2011 es que Estados Unidos tenía y sigue teniendo elección; puede que Washington esté obsesionado con el déficit, pero los mercados financieros están, en todo caso, indicándonos que deberíamos endeudarnos más.</p>
<p>Una vez más, se suponía que esto no debía pasar. Iniciamos 2011 con advertencias funestas sobre una crisis de la deuda al estilo griego que se produciría en cuanto la Reserva Federal dejara de comprar bonos, o las agencias de calificación pusieran fin a nuestra categoría de Triple A, o el superfabuloso comité no consiguiera alcanzar un acuerdo, o algo. Pero la Reserva Federal finalizó su programa de adquisición de bonos en junio; Standard &amp; Poor&#8217;s rebajó a Estados Unidos en agosto; el supercomité alcanzó un punto muerto en noviembre; y los costes de los préstamos de Estados Unidos no han parado de disminuir. De hecho, a estas alturas, los bonos estadounidenses protegidos de la inflación pagan un interés negativo. Los inversores están dispuestos a pagar a Estados Unidos para que les guarde su dinero.</p>
<p>La conclusión es que 2011 ha sido un año en el que nuestra élite política se obsesionó con los déficits a corto plazo que de hecho no son un problema y, de paso, empeoró el verdadero problema: una economía deprimida y un desempleo masivo.</p>
<p>La buena noticia, por decirlo así, es que el presidente Barack Obama por fin ha vuelto a luchar contra la austeridad prematura, y parece estar ganando la batalla política. Y es posible que uno de estos años acabemos siguiendo el consejo de Keynes, que sigue siendo tan válido hoy como lo era hace 75 años.<br />
Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. © 2011 New York Times Service Traducción de News Clips.</p>
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		<title>Todos terroristas</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 13:53:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martin Caparros</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Quizás en unos años, cuando haya que relatar el kirchnerismo, muchos coincidirán en que el momento del quiebre, el momento en que todo empezó a verse distinto fue cuando el gobierno de la doctora Fernández dictó su Ley Antiterrorista. Dirán que ya había habido otros signos, que las represiones con muertos en varias de sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quizás en unos años, cuando haya que relatar el kirchnerismo, muchos coincidirán en que el momento del quiebre, el momento en que todo empezó a verse distinto fue cuando el gobierno de la doctora Fernández dictó su Ley Antiterrorista. Dirán que ya había habido otros signos, que las represiones con muertos en varias de sus provincias, que las peleas con sus organizaciones sindicales, que el desprestigio de sus organismos de derechos humanos, que los primeros ajustes económicos, pero que nada definió tanto su curso de acción como esa ley penosa.</p>
<p>Sucedió hace cuatro días. Fue la última noticia de un año lleno de noticias –y no fue de las más discutidas. La aprobó un parlamento con mayoría oficialista –que no necesita debates o negociaciones– y la promulgó la señora presidenta con un decreto publicado en el Boletín Oficial del miércoles 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, al mismo tiempo que los diarios llenaban páginas y más páginas con la bomba de la noche anterior: que la doctora también tenía cáncer. En síntesis: un gobierno que se presenta como democrático y popular acaba de sancionar una ley que dice que cuando algún delito del Código Penal “hubiere sido cometido con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo, la escala (la pena) se incrementará en el doble del mínimo y el máximo”.</p>
<p>La formulación es tan imprecisa que permite que cualquier juez decida que cualquier acto fue cometido con esa finalidad –¿cómo se define qué aterroriza a una población? ¿cómo se sabe cuándo una población está aterrorizada? ¿cómo se juzga una intención?– y doblar la pena. El gobierno dice que lo hizo para contener los “golpes de mercado”; está claro que se puede usar para tantas otras cosas. Aunque hayan agregado al final un párrafo que dice que esas agravantes “no se aplicarán cuando el o los hechos de que se traten tuvieren lugar en ocasión del ejercicio de derechos humanos y/o sociales o de cualquier otro derecho constitucional”. Roberto Gargarella, jurista reconocido, lo comentaba en una entrevista:</p>
<p>–Ese agregado que dice “salvo que usted esté haciendo ejercicio de un derecho legítimo” es risible: un juez tarda diez segundos o menos para descartarlo. Un juez puede decir: “por supuesto esto nunca se podrá invocar si usted está haciendo uso legítimo de un derecho; ahora, usted está cortando una calle, cortar la calle no es hacer un uso legítimo de un derecho, ergo, usted es un terrorista”. Ese aclarado es algo que los diputados con vocación progresista se han querido dar a sí mismos para justificarse ya que estaban mostrando su peor cara.</p>
<p>Los “diputados (kirchneristas) con vocación progresista” votaron la ley como un solo hombrecito y sin chistar. Pero si obedecer es una forma de servilismo, a veces es más servil cierta manera del disenso: leve, tibia, para que después no digan que no lo dije. Así, Hebe de Bonafini cuando declaró que el gobierno debería “revisar un poquito” la ley, o los legisladores kirchneristas en la ciudad susurrando que &#8220;ojalá la presidenta derogue” lo que acababa de promulgar, o el director de la Biblioteca Nacional Horacio González comprendiendo “los motivos que llevaron a que se elabore la ley, pero su nombre y muchos de sus fundamentos sería bueno que en otra ocasión parlamentaria pueda ser revisto”. Y tratando de hablar de otra cosa y olvidar el sapo calentito. Que rompe con –por lo menos– tres bases del discurso oficial:</p>
<p>La primera es que este gobierno no acepta presiones de organismos internacionales. Porque, como repitió el juez de la Suprema Corte Raúl Zaffaroni  –y reconocieron muchos otros– la ley fue un pedido de un organismo internacional de segunda categoría, el Grupo de Acción Financiera Internacional, GAFI. “El GAFI es un organismo que se toma atribuciones que no tiene y extorsiona a nuestro país. Su objetivo no es evitar el lavado ni prevenir el terrorismo, sino controlar el movimiento financiero”, dijo el juez. Y los rumores –siempre los rumores– insistían en que la ley fue una condición que los Estados Unidos pusieron para mantener a la Argentina en el G-20, gran tribuna para que la presidenta vaya a dar lecciones de audaz autonomía.</p>
<p>La segunda, que este gobierno no agita el espantajo del terrorismo porque eso es lo que hacía la dictadura. Porque, como decía en un artículo tuitero el filósofo Eduardo Grüner, hay que atreverse a usar una palabra como “terrorismo” en un país con la historia que tiene la Argentina. “La enorme ironía –habría que decir, más bien, sarcasmo– es que este gobierno, que se precia con razón de haber impulsado tantos juicios por crímenes de lesa humanidad, sólo había empleado el término ‘terrorismo’ para hablar del terrorismo de Estado. Habría mucho que decir sobre esta verdadera perversión lingüística que viene a sumarse a la legal, invirtiendo el uso de palabras ‘sagradas’: hasta ahora, los “terroristas” eran ellos (Videla y compañía); ahora podemos serlo también nosotros, casi cualquiera”.</p>
<p>La tercera, que este gobierno no reprime la protesta social. Porque lo viene haciendo, a través de las administraciones provinciales, sin piedad y sin descanso, pero esta ley lo pone negro sobre blanco en el Boletín Oficial. Por eso es casi un chiste cuando políticos oficialistas –como Estela de Carlotto, Abuela de Plaza de Mayo– dicen que es cierto, que en manos de un &#8220;próximo gobierno represor&#8221; esta ley podría ser terrible; los que han contado la cantidad de muertos en protestas sociales que hubo en el último año piensan que éste ya lo es, y que esta ley les va a facilitar las cosas.</p>
<p>Es un nuevo instrumento, un modo de legitimar: ahora cualquier juez puede decidir que un muchacho detenido por cortar una calle y quemar unas gomas estaba tratando de aterrorizar a la población o, peor, de “obligar a las autoridades” a –digamos– aumentar sueldos, y meterlo en la cárcel unos años. La torta se achica y vienen tiempos de ajustes, de pelea social. El jueves pasado la capital de Santa Cruz, la provincia de los Kirchner, estaba ocupada por empleados públicos que protestaban contra el recorte de jubilaciones; la presidenta tuvo que retrasar su vuelta a casa. El mismo jueves Carlos Soria, ex jefe del Servicio de Inteligencia del Estado y nuevo gobernador de otra provincia patagónica, Río Negro, hizo aprobar una ley que pasó a disponibilidad a la mitad de los empleados públicos. (Y este domingo 1 de enero amaneció con un tiro en el ojo: la versión oficial dice que fue un &#8220;accidente doméstico&#8221;). Hubo medidas parecidas –recortes, no tiros en los ojos– en Chubut, Neuquén, Chaco, Catamarca, Mendoza, Córdoba. Y seguramente serán parecidamente resistidas. Entonces, para poner un freno a los que pidan, los jueces podrán usar la Ley Antiterrorista que acaba de votar el kirchnerismo para profundizar el modelo, para ahondar su estirpe nacional y popular: para dejar caer ciertas caretas.</p>
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		<title>Schoklender por Martín Caparrós</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 15:59:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Carlos Gieco</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[No me gusta que Martín Caparrós escriba para El País. Creo que este periódico se pasa su propio “manual de uso” por el forro de las bolas y su doble moral socialdemócrata europea mezclada con los intereses económicos del Grupo Prisa hacen que manipule la información alevosamente. Por ejemplo esta nota a Sergio Schoklender que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No me gusta que Martín Caparrós escriba para El País. Creo que este periódico se pasa su propio “manual de uso” por el forro de las bolas y su doble moral socialdemócrata europea mezclada con los intereses económicos del Grupo Prisa hacen que manipule la información alevosamente. Por ejemplo esta nota a Sergio Schoklender que el propio autor titula en su blog “Muerto en vida”, el periódico lo presenta en su plataforma de Internet en primera página con el título “Las Madres se financiaban con robos” (o algo parecido, no es textual porque no encuentro la portada del jueves), dando por verdaderas las declaraciones de un personaje “denso, oscuro, peligroso” (de Pablo Sirven secretario de redacción de La Nación a mi twitter en respuesta a mi pedido de opinión) sospechado y procesado por corrupción y a quien le conocemos su habilidad para usar a la prensa para hacer llegar mensajes a quien corresponda.</p>
<p>El País, decía, da por hecho y por verdadero todo lo que el parricida dice en desprestigio del gobierno de CFK y de las Madres de Plaza de Mayo. Yo no tengo los elementos para decir que es verdad o mentira, pero me molesta que no se contraste la información y en su guerra mediática contra los K, el Grupo Prisa haga tan mal uso de un reportaje, que es solo eso: Caparrós pregunta y Schoklender contesta, podría haber dicho que vio a la virgen maría y en ese caso como habría titulado El País: “aparición de la virgen en Buenos Aires” o “dice fulano que vio a la virgen”.</p>
<p>Ahora bien: la mitad del reportaje no aporta nada, que la política se financia con retornos en Argentina y en la conchinchina, que los “aparatos políticos” cobran en los puestos de gobierno, que si no pagás no existís en los medios de prensa: chocolate por la noticia, lo sabemos todos, pero que había una célula foquista cuasi guerrillera en el sótano de las Madres durante el menemismo o que salían a chorear a los supermercados para juntar guita, es un poco descabellado, (vuelvo a repetir: no tengo elementos para decir si es verdad o mentira) pero tanto el entrevistado como el periodista deberían aportar alguna prueba para que sepamos “por donde vienen los tiros”, porque Luis Delia me dice vía twitter que es un trabajito de los servicios secretos del Estado Judío, otros dirán que siempre sospecharon que las madres eran unas ladronas y otros que hablar al pedo es gratis, mas cuando se tiene a Caparrós delante al que todos conocemos por su enfrentamiento con el gobierno y los medios afines al mismo.</p>
<p>Reconozco que para hacer política se necesita mucho dinero, mas si tu enemigo viene bancado por el gobierno del país mas poderoso del mundo en donde en los propios órganos legislativos se aprueban astronómicas partidas para inmiscuirse en las políticas internas de los otros países. Apruebo totalmente que el gobierno intente hacerse con el control de los bienes estratégicos, incluido el papel prensa y tengo re claro que en la lucha por el poder si hay vencedores y vencidos, pero hay que tener sumo cuidado en alinearse con quien mejor utilice esa poder en beneficio de los que nunca han sido beneficiados.</p>
<p>Unas últimas palabras para algunos amigos del puritanismo troskista, sus críticas a CFK muchas veces son aceptables y verdaderas, pero chicos con menos del dos por ciento de los votos no se cambia nada, pueden influir desde la comisión interna de alguna fábrica o de algún centro de estudiantes, nada mas.</p>
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		<title>Merkozy se equivoca</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Dec 2011 13:36:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jose Ignacio Torreblanca</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Economía]]></category>

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		<description><![CDATA[Es sabido que los gatos tienen siete vidas. Lamentablemente los analistas solo tenemos dos: una, antes de que comenzáramos a leer a Martin Wolf en Financial Times y otra, después de que empezáramos a leerle. No es una exageración: sus análisis en FT son siempre ponderados, a la vez que originales. Wolf no busca el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es sabido que los gatos tienen siete vidas. Lamentablemente los analistas solo tenemos dos: una, antes de que comenzáramos a leer a Martin Wolf en Financial Times y otra, después de que empezáramos a leerle. No es una exageración: sus análisis en FT son siempre ponderados, a la vez que originales. Wolf no busca el efectismo ni el titular fácil y siempre envuelve sus argumentos en una batería de datos (los justos, sin tampoco abrumar). Los argumentos de sus columnas funcionan como el mecanismo de una puerta blindada: cada párrafo cierra una vuelta de llave, anclando las conclusiones de forma irreversible en el cerebro del lector. Pero lo mejor de todo es que esas conclusiones no son las de Wolf, sino las del lector, al que elegantemente se le permite levantar la cabeza del texto al finalizarlo para concluir por sí mismo.</p>
<p>Su columna de esta semana es un buen ejemplo de ello. Con la ayuda de tres sencillas tablas donde se muestran los déficits fiscales (las tablas se reproducen al final de esta entrada), la deuda sobre el PIB y los déficit por cuenta corriente de los estados miembros de la UE, nos explica de una manera sencilla pero comprensible por qué “Merkozy” se equivoca al pensar que la crisis del euro es una crisis provocada por el endeudamiento y que, por consiguiente, sólo la austeridad puede sacarnos de ella.</p>
<p>Si el déficit fuera la causa, nos dice Wolf, lo lógico sería que los países con mayores déficits fiscales entre 1997 y 2007 (es decir, el período antes de la crisis), fueran los que en la actualidad deberían estar sufriendo mayores problemas. Sin embargo, Irlanda, España, Estonia y Bélgica estuvieron siempre por debajo del 3% que ahora se quiere constitucionalizar y sobre el cual se quiere imponer un severo régimen de sanciones. La inutilidad de ese criterio no sólo es evidente en el hecho de que los países que lo cumplieron han sufrido la crisis sino, mejor aún, en el hecho de que Alemania, Austria y Francia también lo incumplieran.</p>
<p>Algo parecido ocurre con el criterio de deuda sobre el PIB que se muestra en la Tabla II. Con él hubiéramos podido predecir los problemas de Grecia, Italia, Bélgica y Portugal, pero sorprendentemente, España fue un gran cumplidor de este criterio, mientras que (¡oh!) Alemania lo incumplió más seriamente que España.</p>
<p>¿Y si, nos pregunta Wolf, nos fijáramos en un criterio que nunca ha estado entre los criterios de convergencia, el déficit por cuenta corriente? Los países que arrojan un resultado más negativo son: Estonia, Portugal, Grecia, España, Irlanda e Italia. ¡Bingo! Resulta que una vez que observamos las trayectoria de este indicador todos los países encajan perfectamente en el patrón de la crisis. Es lo que los anglosajones denominan “una pistola humeante”.</p>
<p>Así que, se pongan como se pongan Merkel y Sarkozy, estamos ante una crisis de balanza de pagos. Para que unos tengan superávit, otros tienen que tener déficit: es ley de vida (económica). Y en este caso, es muy fácil ver que la crisis actual se debe a que, durante una década todos los países de la zona euro se han beneficiado de unos mismos tipos de interés a pesar de tener ciclos económicos y condiciones estructurales completamente distintas, lo que ha llevado a unos a perder competitividad, hacerse dependientes del ahorro externo e incurrir en un gran déficit exterior y endeudamiento privado. Cuando el ahorro externo se ha secado como consecuencia de la crisis financiera, el sector privado ha dejado de prestar, llevando a un enfriamiento de la economía. Y cuando el estado ha intervenido para relanzar la economía, no sólo ha fracasado también, sino que ha generado una crisis de deuda ya que los mercados no confían en que su baja competitividad les permita, en ausencia de crédito y liquidez, pagar sus deudas.</p>
<p>Como tanto el sector privado como el público se han secado, imponer nuevas medidas de austeridad, sin a cambio garantizar la inyección de liquidez en el sistema, público o privado, es una receta para el desastre, nos dice Wolf.</p>
<p>¿Qué significa todo esto? Que la austeridad no es el problema, ni tampoco la solución, sino muy probablemente, algo que agravará la crisis. Un diseño defectuoso de la Unión Monetaria nos ha llevado hasta aquí: ahora, en lugar de corregir el error que causó esta crisis vamos a intentar enmascarar los síntomas que nos alertaban de la verdadera enfermedad. Así que vamos a hacer un Tratado para escribir en piedra un gran error. Bravo.</p>
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		<title>Capitalismo en serio</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Nov 2011 12:40:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Carlos Gieco</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Crónicas Europeas]]></category>

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		<description><![CDATA[Me hubiera gustado que CFK en la cumbre del G20 proclamara las bondades del socialismo del siglo XXI, pero Cristina es peronista y los peronistas son capitalistas. Pero les dijo, en especial a los líderes de la UE que era necesario “un capitalismo en serio”, que puestos a mantenernos en este sistema y no avanzar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me hubiera gustado que CFK en la cumbre del G20 proclamara las bondades del socialismo del siglo XXI, pero Cristina es peronista y los peronistas son capitalistas. Pero les dijo, en especial a los líderes de la UE que era necesario “un capitalismo en serio”, que puestos a mantenernos en este sistema y no avanzar es un reproche sumamente coherente y acertado.</p>
<p>Hace unos días Bankia, el banco que dirije el ex ministro de Aznar, Rodrigo Rato, anunció que este año prescindirían de la entrega de las cestas de navidad a sus empleados para ahorrarse dos millones de euros y la pregunta esta en que es mas capitalista el ahorro o el gasto, porque los bancos que cada vez que nos tiran sus números por la cabeza nos muestran astronómicas ganancias y cuando están en apuros por la mala gestión de sus directivos acuden al rescate del dinero público, deberían colaborar con la economía de la que viven y agasajar a sus empleados y de paso repartir dos millones de euros entre fabricantes de turrones, embutidos, sidra, polvorones, chocolate, etc, que todos sabemos que a la vuelta ese dinero les vuelve.</p>
<p>Los genios de las finanzas han decidido que hay que dejar de gastar para poder pagarle a quienes poseen en sus bolsillos papeles soberanos de los ex soberanos países europeos. El problema que el ahorro se nota cuando se muere una mujer joven y que podría haber vivido con una operación en un Hospital de Barcelona no realizada a tiempo porque la máquina estaba rota. Y esto indigna.</p>
<p>Han dejado de gastar, entonces no pueden aceptar una moratoria para los miles de hipotecados que van a perder sus casa, pero indigna y como, cuando ves por TV que la ponen en la puta calle a una señora de mas de ochenta años con una hija discapacitada, si que ella firmó la hipoteca, si que es legal, si que van hasta con el juez y la policía. Pero indigna.</p>
<p>Hace unos días el ex socialdemócrata José Luis Rodriguez Zapatero se ufanaba diciendo que su gobierno no había tenido que pedir dinero del rescate que se le dio a Grecia, Portugal e Irlanda, como si el mérito fuera de el, cuando el sufrimiento es de los cinco millones de desocupados que dejaron de cobrar para que ese dinero termine pagando intereses, como en la Argentina neocón, brutal transferencia de recursos desde los sectores trabajadores a los financieros. Zapatitos a nosotros no nos engañás que esa película ya la vimos y el proyector lo tenia encendido Carlos Saúl Menem de los llanos y el hijo del escobero de San Francisco.</p>
<p>El domingo una amplia mayoría de españoles elegirán a Mariano Rajoy, el candidato de la derecha del Partido Popular como Jefe de Gobierno, por esa lógica del bipartidismo que indica que si nos fue mal con los rojos hay que votar azul. Rajoy viene a profundizar los ajustes que comenzó su antecesor, a pagar deuda y a meternos a todos en el “círculo virtuoso” que inventó la derecha: favorecer a las grandes empresas para que de arriba hacia abajo se genere trabajo y bienestar, como el cuento de los menemistas del noventa que hablaban de la copa llena que rebalsaba beneficios a la base de la misma. ¿Que nos espera? Un intento definitivo de cargarse el estado de bienestar, ese sistema que no gusta a los que pueden pagar el colegio trilingue de sus hijos, el seguro de salud privado, que duermen en barrios cerrados y se lucran como decía Atahualpa “de los que escupen sangre para que ellos vivan mejor”.</p>
<p>Nos queda la esperanza de la desobediencia y la rebelión del 55 % que no va a votar a la derecha, nos quedan las organizaciones social, los indignados y los jóvenes, porque es tan impúdica la degradación de nuestra democracia que ni va a gobernar Rajoy, el solo será el brazo ejecutor de los acreedores.</p>
<p>A mi me da tanto asco Berlusconi como a cualquier italiano de bien, pero a este señor se lo tendría que haber reemplazado como lo pide la democracia, eligiendo un nuevo gobierno con elecciones libres, no con un golpe de estado como en Grecia, porque hace rato que manejan nuestra economía, nuestra moneda, nuestra salud y educación y ahora hasta nos sacan gobiernos y nos ponen los suyos. Hasta cuando?</p>
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		<title>Una polémica argentina</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Nov 2011 13:05:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martin Caparros</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta entrada será inusualmente larga; es un abuso, pero quiero reproducir fielmente cada paso de una polémica que tuvo lugar lejos. Todo empezó hace tres semanas, cuando la gente de Internazionale, una de las revistas más prestigiosas de Italia, me pidió un análisis breve de los años kirchneristas para un número en el que habría [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta entrada será inusualmente larga; es un abuso, pero quiero reproducir fielmente cada paso de una polémica que tuvo lugar lejos. Todo empezó hace tres semanas, cuando la gente de Internazionale, una de las revistas más prestigiosas de Italia, me pidió un análisis breve de los años kirchneristas para un número en el que habría varias notas sobre Argentina –en elecciones. Lo preparé y lo titulé Kirchnerismo para dummies futuros. La editora italiana, prudente, me dijo que el título era malo pero incomprensible y lo cambió por El hambre y las mentiras de una década; era, es cierto, un poco demasiado. El texto, en cualquier caso, es éste:</p>
<p>Dentro de cien años, cuando ninguno de nosotros sea, cuando el mundo sea otro, los manuales de historia argentina –si es que sigue habiendo manuales, si sigue habiendo historia, si Argentina– incluirán, seguramente, diez o doce líneas sobre “la década de los doctores Kirchner”. Esas líneas empezarán por sorprenderse ante el tribalismo arcaizante de una esposa sucediendo a su esposo; dirán quizá que fue el apogeo de lo que alguien llamó la “política de la sangre”, ese período en que, a falta de ideas y proyectos que cohesionaran a sus militantes, los únicos vínculos firmes eran los del parentesco: ese retorno a las formas dinásticas.</p>
<p>También dirá –sobre todo dirá– que el peronismo de los años ‘00, encabezado por los doctores Kirchner, se dedicó más que nada a recomponer el aparato del Estado que el peronismo de los años ‘90, encabezado por el doctor Menem con la colaboración provincial de los doctores Kirchner, había desarmado. Dirá que los manuales no deben hacer juicios de intenciones, así que no se arriesgará a decir por qué los doctores Kirchner decidieron esa recomposición; ofrecerá un abanico de razones que van desde su convicción de que el Estado era la única herramienta para aminorar la desigualdad de las sociedades de esos años hasta la idea sibilina de que si uno va a gobernar un Estado le conviene que haya Estado –y apuntará que la razón verdadera debe estar en una mezcla de ambas y otras más.</p>
<p>El manual sin duda recordará que los doctores Kirchner llegaron al poder a la salida de una crisis –como casi todos los gobiernos argentinos– y que, inteligentemente, supieron escuchar sus gritos y desactivarlos: quitarles su potencial de verdadero cambio. Y que para adaptarse a los nuevos tiempos cambiaron su discurso privatizador de los noventas por uno levemente estatista, y cambiaron su desdén anterior de los derechos humanos por su reivindicación insistente. Y entonces quizá diga –es improbable, impropio de un manual, pero quién sabe– que los doctores usaron esos derechos humanos y la memoria mistificada de ciertas luchas setentistas para legitimar a un gobierno cuyo acción no tenía ninguna relación con esas ideas revolucionarias. Hasta podrá, quiza, citar la frase de un escritor ya entonces olvidado que solía decir que le parecía muy bien que el gobierno de los doctores Kirchner defendiera los derechos humanos de 1976 pero que hubiera preferido que defendieran los de 2011, y lo explicaba: que no sólo no defendían los derechos humanos básicos –a comer, educarse, curarse– sino tampoco los más específicos, porque durante sus gobiernos la cantidad de muertos por represiones y abusos policiales fue bastante extraordinaria.</p>
<p>(Y, a propósito de confusiones y discursos, quizá el manual recuerde –probablemente no– que hubo un breve período, tras la muerte del doctor Kirchner, en que los medios oficialistas insistieron en que “la juventud” se identificaba con el proyecto del difunto y su viuda. Pero si lo dijera diría que esa falacia empezó a  desarmarse sólo unos meses más tarde, cuando, en las siguientes elecciones de la juventud más politizada, los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires, las agrupaciones kirchneristas no pudieron ganar ni un solo centro de estudiantes –y su derrota dejó claro que la idea era perfectamente falsa.)</p>
<p>El manual irá cerrando el tema, pero es probable que antes cite una frase feliz de esos años: que el kirchnerismo fue un ejemplo infrecuente y fecundo de “épica posibilista” o “posibilismo épico”: que pocos movimientos políticos han sabido combinar tan bien la declamación de que son portadores de cambios decisivos con la justificación de que en realidad no pueden cambiar mucho porque bueno, así están las cosas, esto es muy complicado, miren de dónde veníamos.</p>
<p>Y apuntará, en muy pocas palabras, que esa retórica de cambio se apoyaba en comparaciones insistentes de sus cifras socioeconómicas con las cifras del peor momento de la crisis –y no con los números más normales de los años normales, y que eso es un viejo truco peronista. Y quizás hasta recuerde que los doctores decidieron prohibir cualquier cifra sobre la inflación y la pobreza que no fueran las oficiales: falsas, inverosímiles.</p>
<p>Para terminar, el manual subrayará lo que fue, junto con la recuperación de parte del Estado, lo más importante del período: el remate de la reconversión de la Argentina en un país agroexportador, que tantos problemas le traería más adelante. O, dicho de otro modo: la vuelta de la Argentina a su forma del año 1910, antes de que le dieran las veleidades industriales.</p>
<p>Y señalará la falla de un gobierno que tuvo, durante una década, tanto dinero fácil proveniente de las exportaciones agrícolas y no pensó en usar esa bonanza tan casual para construir una alternativa económica que subsistiese cuando la demanda de esos bienes primarios, tan dependiente de los mercados externos –no dirá “del apetito de los chanchos chinos”–, se cayera. Y concluirá, quizá, que era esperable: que la Argentina siempre se especializó en perder sus oportunidades.</p>
<p>Entonces terminará por preguntarse cómo fue que un gobierno que insistía tanto en que estaba “redistribuyendo la riqueza” fracasó justamente en ese punto: por qué llegó a los diez años de poder en un país enriquecido por las exportaciones y, sin embargo, a fines de su ciclo todavía quedaban en la Argentina diez millones de pobres, más que en los peores años del peor neoliberalismo menemista. O, si se pusieran dramáticos, cosa que un manual en general no hace: que cómo fue posible que en un país que producía tantos alimentos siguiera habiendo personas que se morían –literalmente– de hambre. En el manual estará la respuesta; en este artículo, la pregunta basta.<br />
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2. Días después, la gente de Internazionale me dijo que Horacio Verbitsky, periodista de antiguo prestigio y asesor actual del gobierno en materias varias, había pedido derecho a réplica y ejercídolo en un texto del mismo tamaño que el mío. Se titulaba En defensa de Kirchner y aquí lo reproduzco, traducido del italiano en que fue publicado.</p>
<p>La opinión de Martín Caparrós “El hambre y las mentiras de una década” es un conjunto de falsedades contra el proceso político más innovador que se haya verificado en la Argentina en los últimos cincuenta años. La reelección de Cristina Fernández de Kirchner con el porcentaje más alto desde que los argentinos eligen libremente a su líder y con la mayor diferencia que se recuerde con respecto a su principal adversario, indica que el juicio de Caparrós sobre los gobiernos que se sucedieron desde 2003 no se corresponde con el de sus compatriotas.</p>
<p>Pero quizás esto no le importe, dado que desde hace algunas elecciones Caparrós manifiesta su posición elitista con comentarios llenos de aristocrático desprecio hacia los electores. Hace dos semanas definió a la población indígena como “una especie protegida con el apoyo de la comunidad internacional, de las organizaciones no gubernamentales, de programas internacionales y de los medios”.</p>
<p>Lo cual sería sólo una conducta que desprecia lo que no entiende si no fuera por la superficial falsificación de los hechos y de los procesos en los que se basa. La presunta indiferencia de los Kirchner hacia los derechos humanos es sólo una proyección de lo que hace él, personaje emblemático de la izquierda de salón. Miembro como yo de la guerrilla peronista, después del exilio Caparrós publicó varios libros que exaltaban la militancia de los años setenta. Esta conducta duró hasta el 2003, cuando Néstor Kirchner, elegido presidente, reivindicó a esta generación pero no los métodos de la lucha armada, e hizo suyos los reclamos de memoria, verdad y justicia de las organizaciones que defienden los derechos humanos. Ahora que toda la sociedad argentina ha abrazado esta causa –doscientos militares han sido condenados y en los tribunales se habla sin eufemismos de la militancia de las víctimas– Caparrós se declara “harto de los años setenta”, con la indignación del dueño de casa que ve un intruso en su bello jardín. Cualquier causa que tenga la aprobación de la mayoría le parece sospechosa y para él nada valen los documentos –entre los cuales algunos discursos grabados en video en 1983– que muestran la coherencia de Néstor Kirchner al denunciar a la dictadura.</p>
<p>Las críticas de esta gauche divine son cada vez más parecidas a las de quienes defienden la represión dictatorial de la derecha. Caparrós sostiene que, mientras se ocuparon de los derechos humanos de 1976, los Kirchner ignoraron los de 2011 (como el hambre, la educación y la salud) y los abusos de la policía. Pero lo cierto es lo contrario: nunca se construyeron tantas escuelas y hospitales públicos ni se inaguraron tantas universidades suburbanas, ni el balance de la educación ha sido tan alto ni la mortalidad infantil y el analfabetismo tan bajo como en estos años. En 2004 Néstor Kirchner ordenó a la policía que no usara armas de fuego contra los manifestantes y despidió al jefe de la policía y el ministro del Interior que no querían obedecerlo. En 2010 Cristina Fernández relevó al jefe de policía que desobedeció estas instrucciones y creó un ministerio de Seguridad en el cual los principales responsables son civiles con antecedentes en la defensa de los derechos humanos.</p>
<p>La banalidad del pensamiento de Caparrós resulta evidente cuando escribe que “el fracaso de los grupos kirchneristas” en las elecciones estudiantiles de la Universidad de Buenos Aires ha revelado que los jóvenes no se identifican con Kirchner. Según el último censo de la población, en Argentina viven 11,3 millones de jóvenes entre los 17 y 34 años. En la Universidad de Buenos Aires los estudiantes de esta franja etaria son 300.000. Este 2,65 por ciento de la población pertenece a las clases más ricas de la población. Después de haber citado tantos años a Marx, Caparrós todavía no aprendió a sacar las conclusiones justas.</p>
<p>El escritor también sostiene que con Kirchner la Argentina ha vuelto “a ser conocida como un país agroexportador” como en los años del Centenario, “cuando no tenía veleidades industriales”. Teoría seductora pero falsa. En 2011, por primera vez en la historia argentina, los productos industriales encabezan las exportaciones del país: constituyen el 35 por ciento contra el 34 por ciento de los productos agrícolas.</p>
<p>Caparrós concluye que los Kirchner dejaron a la Argentina más pobre que el neoliberalismo de Menem. No es cierto. La pobreza ha sido reducida del 54 al 21 por ciento y la indigencia del 27 al 6 por ciento, según los datos de los institutos estadísticos provinciales. Ambos valores bajaron a los niveles de los años ochenta, igual que la desigualdad. En esta incesante marcha atrás todavía no llegamos a los años setenta, antes del golpe de 1976, cuando la desocupación y la pobreza estaban por debajo del 5 por ciento. Esta es la tarea por la cual 54 argentinos sobre 100 confiaron a Cristina Fernández el nuevo mandato que fastidia a los que son como Caparrós.<br />
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3. No entendí quiénes “son como Caparrós” ni me preocupó mucho: mi supuesto carácter y mis supuestas motivaciones, que tanto preocuparon al articulista, no me parecieron un tema interesante. Pero sí sus afirmaciones; por eso pedí a la gente de Interrnazionale el espacio para mi propia réplica. Me dijeron, con toda lógica, que podría mandarles una carta de 1.500 caracteres, porque necesitaban espacio para tantas otras cosas. Lo entiendo, y por eso publico mi respuesta aquí mismo:</p>
<p>Lamento que Horacio Verbitksy, ex periodista que yo respeté mucho, vuelva a caer en la trampa más habitual de los portavoces kirchneristas: no discutir lo que se dice sino injuriar a quién lo dice.</p>
<p>Hay que reconocer que lo hace con entusiasmo: en unas pocas líneas, Verbitsky consigue llamarme falsificador, elitista, aristocrático, “personaje emblemático de la izquierda de salón”, gauchiste divin, pensador banal –y decir incluso que escribo con “la indignación de un dueño de casa que ve un intruso en su bello jardín”. De sus épocas de periodista quizá recuerde que cuando uno afirma algo debería poder sostenerlo: me intriga saber en qué informes psicológicos se basa para sostener que mis opiniones se deben a tal rasgo de carácter, a cual emoción, o incluso a “una proyección de lo que hace él” (sic). Y, sobre todo, cómo justificará adjudicarme entre comillas cosas que nunca he dicho, como que estoy “harto de los años setenta” –cuando he escrito tanto sobre el tema. Sobre todo en tiempos en que otros, como él, preferían silenciar sus historias.</p>
<p>Es cierto, en cambio, que cuestioné muchas veces el uso que este gobierno, con su asesoría, hace de los setentas. Por eso sostengo que la indiferencia de Kirchner hacia el tema no fue, durante muchos años, “presunta” sino real. Los lectores italianos no tienen por qué saber –y de eso se aprovecha el ex periodista– que el doctor Kirchner gobernó su provincia austral por ocho años durante el mandato de Carlos Menem –que amnistió a los militares asesinos sin que Kirchner haya manifestado ninguna oposición. Y que, durante esos años, cada vez que las Madres de Plaza de Mayo visitaron su capital, el gobernador Kirchner se negó a recibirlas, y que nunca organizó actos como los que sí había en tantos otros lugares para recordar el 24 de marzo, fecha emblemática del repudio al golpe de 1976. Verbitsky lo dice –¿sin querer?– cuando dice que, en 2003, Kirchner “hizo suyos los reclamos de memoria, verdad y justicia de las organizaciones que defienden los derechos humanos”. Fue bueno que, ya presidente, empujado por el cambio de humor general, se ocupara de esas cuestiones; es difícil adjudicarle a ese cambio carácter retroactivo.</p>
<p>Y sigo sosteniendo que los doctores Kirchner y Fernández se han ocupado mucho más de los derechos humanos de 1976 que de los de 2011, incluyendo la instrucción, la salud y la alimentación –no el hambre, como dice Verbitsky: en mi manual el hambre no está considerado un derecho humano. En la Argentina actual, país que produce alimentos para 300 millones de personas, sigue habiendo desnutrición y, cada verano, chicos que mueren literalmente de hambre.</p>
<p>Del estado de la educación y la salud públicas mejor no hablar: los define claramente el hecho de que ni siquiera los directivos de esas áreas se resignan a usarlas.</p>
<p>Para negar la violencia del Estado en estos años, Verbitsky recuerda las medidas que tomaron sus presidentes contra jefes de policía que no cumplieron sus órdenes. Olvida cuidadosamente que, en los últimos 18 meses, la represión polical a las protestas sociales produjo tres muertos en Bariloche, dos en Formosa, tres en el Indoamericano y cuatro en Jujuy: hace mucho tiempo que no pasa nada así en la Argentina. Y que los tres gobiernos provinciales que asesinaron manifestantes eran y son gobiernos kirchneristas, y que la presidenta Fernández no hizo nada al respecto.</p>
<p>Mi pensamiento -acepto- debe ser banal; mis datos tratan de ser ciertos. En la Argentina actual las cifras son aproximativas, y Verbitsky lo reconoce cuando dice que usa estadísticas provinciales –porque las nacionales, controladas por su gobierno, son inventos descarados, que nadie, ni aún él, se toma en serio. Lo cual ya debería servir como prueba: si un gobierno miente en su descripción cuantitiva del país, ¿qué se puede esperar del resto? Verbitsky, aunque no parece creer en las cifras del Indec, no define su fuente cuando dice que en 2011 “por primera vez en la historia argentina, los productos industriales encabezan las exportaciones”, con el 35% contra el 34% de los productos agropecuarios. Al decirlo, Verbitsky no dice tantas cosas: por ejemplo que la suma de ese 35% de las “manufacturas de origen agropecuario” –aceites, pellets de soja y otros– y el 22% de “productos primarios” hace que la venta de materia prima sin transformar o muy levemente transformada constituya más de la mitad de nuestras exportaciones –y la mitad de esa mitad son productos sojeros, igual que en 2003. O que, por trucos de nomenclatura, un 10% de esos “productos industriales” consiste en el oro que las mineras extranjeras se llevan sin procesar ni dejar ninguna plusvalía. Tampoco dice que un tercio de las “manufacturas de origen industrial” que se exportan proviene de la industria automotriz, que se dedica a ensamblar autopartes importadas; tanto que el sector tiene un déficit de más de 5.000 millones de dólares, o sea: que esa industria cuesta muy cara en la balanza comercial.</p>
<p>“Caparrós concluye que los Kirchner dejaron a la Argentina más pobre que el neoliberalismo de Carlos Menem”, dice Verbitksy. Otra mentira: como cualquiera puede leer aquí arriba, nunca escribí eso. Escribí, sí, algo parecido pero diferente: que tras estos años de crecimiento y supuesta redistribución de la riqueza hay más argentinos pobres que “en el peor momento del peor neoliberalismo menemista”. Para confundir las cuentas, Verbitksy compara las cifras actuales con las de 2003, cuando Menem ya llevaba cuatro años en el llano. En cambio, si se comparan, como escribí, 2010 y 1999, mi afirmación se confirma: hay, ahora, entre 9 y 10 millones de pobres; había, en 1999, entre 7 y 8 millones. Es lamentable y muestra una distancia soprendente entre discurso y hechos –pero no por eso es menos cierto.</p>
<p>Son datos, no improperios. En el terreno de las palabras me sorprende, sí, que Horacio Verbitsky caracterice su “proceso político más innovador” como una “incesante marcha atrás”. Él –a diferencia de mí– sabe, sin duda, lo que dice.</p>
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